Un Sub-Ripas

Ha vuelto a suceder en una superficie comercial.

Me pongo a vagar por los pasillos mientras Mortimer resuelve alguna gestión, imagen clásica del matrimonio que me gusta recrear, y entonces, aproximándose de frente, aparece una señora.

De repente.

La veo llegar, se acerca, ya viene, planea, se sitúa a mi lado, muy cerca, me roza, muy cerca, pienso que pasa de largo pero retrocede el cuello de golpe, repite siempre el mismo gesto, me revisa con los ojos de arriba abajo cerciorándose, los deja clavados en mi pescuezo, otra vez va a suceder, vuelve a mirarme a la cara, ahora está segura, lo dice, lo suelta, me dice:

–  Mira, ¿tú eres de aquí, verdad?

De aquí.

De aquí se refiere a empleado o dueño del establecimiento. Trabajador por cuenta propia o ajena en ese local. Encargado de planta, sección o departamento. Cualquier categoría del sector comercio a la que no pertenezco porque para empezar no pertenezco al sector.

– Ah, perdona, como te he visto con la corbata…

La corbata. A garavata. The tie

De nuevo la corbata como punto de atracción para desconocidos que intentan descifrar un significado que no encierra.

La corbata sabéis que es un trapo atado al cuello más antiguo que el CD, pero curiosamente sigue llamando bastante la atención, sobre todo cuando se viste fuera de jornada laboral. Yo la llevo toda la semana, y raro es el día que no recoja algún comentario al respecto.

Gracias a esta insistencia, he podido clasificar las reacciones que suscita en tres categorías:

  1. Sorpresa y aprobación: Pero tú, ¿a dónde vas tan elegante? (Muy bien)
  2. Sorpresa y desaprobación: Pero tú, ¿qué haces con corbata? (Éstos certifican que hoy en día la corbata como complemento resulta más exótico que cualquier otra marcianada que se te pueda ocurrir colgarte, para asombro de la gente de los años 30 si estuviesen aquí para verlo).
  3. Sorna: ¡Pareces mi abuelo! (Pero tu abuelo los domingos, porque el resto de la semana lo lleváis con un forro polar y la gorra del Día de la Bicicleta)

Hasta aquí con la corbata. Por otra parte, cuando estoy en esas superficies comerciales procuro hacer algún descubrimiento, que a veces es feliz y otras, como en este caso, resulta chocante:

El Castillo del Miedo que aparece en la caja creo que también es de creación propia

Es el Drácula de Frigo, uno de las combinaciones más perfeccionadas y menos reconocidas de nuestra gastronomía, pero esta vez en una encarnación torticera y maléfica llamada…Mini Diabolinos.

Mortimer me convenció para comprarlos, así que los he probado y reconozco que, salvo en la textura de la fresa, han logrado una imitación que iguala en sabor al original. El problema es, precisamente, que no se trata del original.

Y así, no. ASÍ, NO.

No.

Es como si vas a pedir trabajo a una productora y les llevas la tercera temporada de Los Simpson con el nombre tachado a boli y escrito encima La Familia Metson:

– Tome, aquí tiene mi idea

– La Familia Metson…¡Pero esto es un DVD de Los Simpson pintarrajeado y con el nombre tachado!

– Ya lo sé

– ¡Pero esto no se puede hacer!¡ Los Simpson ya existen, no podemos sacar al mercado el mismo producto cambiando simplemente el nombre!

– ¿Y entonces los Mini Diabolinos?

– …..Tiene usted razón, contratado.

  1. berberecha

    Jobá! Pensé q sólo me pasaba a mi lo de las viejas que piensan que trabajas en una amplia gama de superficies comerciales, desde el Makro hasta Misako pasando por Carrefour…y eso que yo no llevo esa corbata que a usted le da esa clase y distinción (si voy echa una gualtrapas, señora…cómo me van a contratar aquí, almadediós!). Como reconforta el mal de muchos :)

  2. vilque

    Sí, yo el otro día me vi del otro lado. Me acerqué a un señor en El Corte Inglés convencido de que era el encargado del departamento de menaje. Afortunadamente, una mujer se acercó a decirle que se iban antes de que me diese tiempo a soltar la frase

  3. Eimor

    En cambio, durante esos dos veranos que “trabajé” en Mercasofá, a mi me costaba hacer creer a la gente que trabajaba allí… ¿sería por mi cara de niño? Ah, no!!! Es que tenía 19 años (seamos sinceros, no esperas un dependiente de 19 años en una tienda de sofás, aunque aquellos sofás se vendían solos… qué calidad, señora!!)

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